martes, 8 de mayo de 2018

CARTAS A NADIE, METÁFORAS DEL ALMA PUESTA EN ESCENA EN CASA DE TEATRO




Trataremos de la Poética y de sus especies, según es cada una; y del modo de ordenar las fábulas, para que la poesía salga perfecta; y asimismo del número y calidad de sus partes, como también de las demás cosas concernientes a este arte.” Aristóteles

Por Gilda Matos

El poeta Iván Miura  y el director, Hamlet Bodden se unen para adentrarnos en un encuentro íntimo con la soledad, sentimientos, vivencias, y la dictadura de ésta, en acompañarnos  través de nuestras vidas  y relaciones, que casi siempre llevan al soliloquio del “ser” como un destino del tiempo.





La puesta en escena de “Cartas  a Nadie” es la hibridación  de la poesía y el teatro, en este espectáculo se presenta una  integración indisoluble entre la prosa  poética y la dramaturgia del director, a través de  personajes,  canto, danza se construye una partitura dramática que amplifica las metáforas del autor. Un verdadero encuentro ditirámbico entre la palabra y la acción dramática.

Hamlet Boddem se ha caracterizado por la realización de puestas innovadoras, cargadas de experimentación en una búsqueda de romper con el teatro de la cotidianidad, situándose en una estética de la postmodernidad, esta vez, nadando en las aguas  del posestructuralismo, persiguiendo la búsqueda de explicar la  obra de arte como un texto y no como organismo, lo que se evidenció en esta representación inspirada en los poemas de Miura.

Resulta de gran interés cómo el director logró unificar lo narrativo de las cartas, con las imágenes, los personajes y la trama, en un “increíble  diálogo” sin intercambiar parlamentos de forma convencional, esto posibilita del disfrute de un texto cargado de palabra e imágenes y movimientos con sentido dramático.  

La escenografía, vestuario y utilería de Iván Miura dotan de  un marco simbólico y funcional a los acontecimientos escénicos que se suscitan,  el diseño  de luces de Bienvenido Miranda, caracterizan el carácter y procedencia de los personajes, ambientando la atmósfera, emocional lírico ­–épica de la acción dramática.

El conjunto actoral compuesto por Samuel Esteban, el poeta, Alejandro  Durán, El pintor, María Emilia García, El cartero de la esperanza, Alexis Luciano, Isen Ravelo Charlene Blanco  cumplieron su rol representacional en una propuesta que diversifica, un tanto  coreográfica, las intervenciones con una notable plasticidad comunicativa. De forma particular llama a la atención de los presentes la presencia escénica que emana María Del Mar en representación de La Soledad, no solamente cuando canta o declama sino cada detalle de ella, sus silencios y miradas atraparon al público como una musa salida del parnaso griego.

La escena dominicana necesita ver el ingenio para demás cosas del arte, a   nuestros autores y poetas en el teatro, disfrutemos de esta limpia y creativa propuesta de Miura y Hamlet.


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miércoles, 21 de marzo de 2018

CUENTO Y DRAMATURGIA EN LA NOSTALGIA DE BOSCH POR ROSA


Por Gilda Matos


La Compañía Nacional de Teatro se viste de identidad al llevar a escena la adaptación del cuento “Rosa” de nuestro destacado literato Juan Bosch, en el camino de rescatar la memoria de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Romanticismo, tristeza y una exuberante nostalgia integran la atmosfera del espectáculo teatral que expresa hechos de la vida pasada del campesino dominicano.
La obra es dirigida por Fausto Rojas, un teatrista de la nueva ola de directores, quien se ha caracterizado, en sus últimos trabajos, en hacer adaptaciones novedosas, con la integración de su mirada propia, tal como lo hizo en su versión de “Otelo” del dramaturgo inglés William Shakespeare, rebelando él, un espíritu de innovación y riesgo que llena de expectativas al público dominicano.

En la presente puesta el director toma el riesgo de hacer una adaptación de un cuento al llevarlo a teatro, es decir, mediar entre   la finalidad de ser leído, a la de ser representado, no por un narrador que ve y describe los hechos y sentimientos de la trama, sino, a partir de la interpretación de los personajes por parte de los actores en el escenario, y, sobre todo, la su intervención como director.
En el caso de “Rosa” el director se sitúa en el pasado, al que mira con melancolía, quizás como parte del respeto y admiración que le despierta el autor del cuento y lo adapta con una dramaturgia desde la nostalgia de algo que ya pasó. Su puesta parte de un realismo social con una visión un tanto esteticista en los colores, matices, luces y vestuarios, teñido de Brecht por momentos. El espectador se retrotrae al pasado sin involucrarse emocionalmente en lo que sucede.

Esta distancia temporal-emocional fue salvada en el teatro por Aristóteles en la antigüedad griega, cuando definió la Unidad de acción del drama, buscando la imitación de una acción con características centrales y trascendentes del protagonista cuya labor deba mover al espectador a la compasión o al terror con el fin de provocar una catarsis, una especie de evacuación de los males planteados en hechos dramáticos. Diríamos que la acción dramática sitúa la efectividad de la magia del teatro en ¡un aquí, ahora!, este es el secreto. A lo que el escritor argentino Jorge Luís Borges, refiriéndose al dramaturgo y director inglés: “Shakespeare sentía que el hecho estético es momentáneo y no está en las letras del libro sino en el comercio del libro con el lector o del espectador con la escena. El empresario Willian Shakespeare sabía que el arte dramático, y acaso cualquier arte, es un juego”. Esencia de la que percibimos carece esta puesta .

Todo director teatral arma su propia dramaturgia escénica, trátese de un cuento o un texto dramático, al escenificar la obra, él organiza los elementos de la escena introduciendo los recursos técnicos que apoyarán el lenguaje  teatral, (cantos, efectos, música y títeres) a fin de   conformar el hilo dramático que atrape o conciencie al público con su discurso.
En la presentación de Rosa, Rojas realiza su propuesta, su mirada…

Los personajes entran con naturalidad al escenario desnudo, y el conflicto se plantea casi a la mitad de la sucesión de  escenas, dejando las primeras en el ámbito descriptivo, es decir en lo narrativo.
Sin embargo, la puesta tiene  atributos que se sienten de forma real y creíble.  La entrada de Manuel Raposo, interpretando de forma destacada  al personaje protagonista del cuento, Juan, nos ofrece un aventurero y excesivamente cauteloso campesino enamorado. Tal como lo define Radhamés Polanco, Juan Bosch “… el dramaturgo más consistente y certero del país”,  en el sentido de la claridad y psicología con que describió sus personajes y el retrato de la cultura dominicana, y en relación al personaje de Juan, cuando lo presenta hundido en un mar de dudas; una especie de Hamlet del Caribe insular, que se debate en su interior entre su amor y los prejuicios morales y sociales.   Al final, pudo más el miedo “al qué dirán”, que el idílico amor por Rosa.


Un personaje de peso es Amezquita, el hacendado, interpretado por Miguel Bucarelli con la naturalidad que caracteriza a este veterano actor. Otros que cumplen su cometido son    Magui Liranzo, en el papel de Marta y Ernesto Báez, caracterizando a Inocencio; Cristela Gómez, a la vieja, Alejandro Moss, a Mariposa ,  Orestes Amador Bienvenido y Miranda en las luces.

Un elemento que le da un toque singular, realista y poético a la vez, es la incursión de los títeres en la escena, interpretados por Canek Denis y Alejandro Moss, ¡cuánta creatividad y verismo en su representación! Con esta participación queda demostrado cómo el recurso del títere se integra de manera armónica a los demás personajes de una pieza dramática. Cabe destacar la ingeniosa participación de Wilson Ureña con su original colmado a cuestas, un personaje pintado de realismo mágico.

Un personaje de importancia es Rosa, cuyo nombre da título al cuento y a la pieza adaptada.  Sin embargo, esta muchacha campesina y por ende la interpretación de Pachy Méndez, resulta insípida en las pocas escenas en las que tiene participación “activa”, por lo que quien estaría destinada a ser la protagonista, generadora del entramado dramático, resulta una especie de postalita en esta historia . Consideramos que es una visión de la mujer que dista del papel que les otorgaba Bosch a sus personajes femeninos.


El montaje de esta pieza tiene un gran valor para la escena dominicana, pues con ella podríamos haber alcanzado, no solo una identidad anclada en el pasado, sino  un diálogo profundo y esperanzador de los dominicanos con el mundo, a partir de “Rosa”, uno de los cuentos menos conocido del gran maestro de la narrativa  de Hispanoamérica, nuestro Juan Bosch.
 

 
  

martes, 13 de marzo de 2018

ARTE: TEATRO DE ENCUENTRO CON LA CONTEMPORANEIDAD, EN LA DIFERENCIA





                                                           Por Gilda Matos

Sentimos un verdadero  deleite y  contradictorio encuentro del arte y la vida en nuestras existencias, al presenciar   la puesta en escena de la obra ARTE de Yasmina Reza, dirigida por Elvira Taveras e interpretada Francis Cruz, Henssy Pichardo y Richard Duglas.

En la literatura dramática son escasas las oportunidades de estrechar la estética y la vida como en esta obra, que sitúa al ser humano en una visión contemporánea llena de individualidades, percepciones distintas sobre la verdad, lo bueno, la sensibilidad y el gusto por la belleza. Esta pieza, pone en relieve los grades debates actuales sobre el arte moderno y contemporáneo en una perspectiva humanizadora  del sentido estético de la vida,  al acercar de esta manera a las contradicciones y conceptos sobre la razón de ser del arte, debate que introdujo el filosofo alemán, Friedrich Hegel en 1807, cuando analizó en su obra “Fenomenología del espíritu”,  cómo la razón no es suficiente para llegar a la verdad, que el ser natural y humano cobra conciencia sólo en el mundo del espíritu, y he ahí la importancia del arte , ese equilibrio entre la razón y los sentimientos, como expone de manera magistral la autora de esta trama filosófica y existencial de los personaje envueltos en el conflicto que nos presenta.

Esta obra teatral se ha presentado en todo el mundo y traducida a treinta y cinco idiomas, lo que le permite afirmar a José María Pou, director de Teatro Goya, “ARTE se ha convertido en un clásico contemporáneo”, además de que encierra el sentido de la época actual en las continúas luchas por las diferentes percepciones del mundo.

En República Dominicana Arte, adquiere significado especial en un momento en que en nuestro país se desarrolla una campaña de intolerancia, racista y de  marcar fronteras  de un ser humana contra otro, sin  tolerar las diferencias culturales y desconociendo  importancia de conservar las relaciones fraternas con el vecino para una mejor  convivencia humana. Esta pieza da lecciones sensibles sobre la necesidad de amar al “otro”.

Elvira Taveras con su ojo artístico, escoge el mejor elenco para este espectáculo, los personajes se descubrieron en el escenario, en sus dimensiones psicológicas, acciones físicas dejando fluir sus características personales encontradas en los personajes del texto dramático de Yasmina Reza. Advertimos una presencia orgánica en cada uno de ellos, Iván, representado por Francis   en una tonalidad de matices de personalidad ambivalente, inseguro; Manuel, personificado Henssy, tozudo, en su claridad oscura se pierde del espíritu del disfrute de la vida; Sergio, actuado por Richard,  seguro en su felicidad de Séneca, con herramientas y conceptos para la sobrevivencia necesita de las debilidades de los demás en su vida.

La puesta en escena  establece un diálogo que distancia los personajes de la acción, buscando una conciencia brechtiana de los hechos que van sucediendo en el argumento. La escenografía de Miguel Ramírez  un tanto minimalista y funcional, ambientada en colores grises ofrece el marco adecuado para el espectáculo.

Yasmina Reza es estupenda e inteligente en esta obra de la  contemporaneidad del ser, en una época donde no hay postulados absolutistas, ¡quiérase o no la ilustración ya pasó!...Ahora demos paso a la experiencia del amor, la diferencia, autoconciencia, la tolerancia, la estética de la felicidad a través del ARTE. ¡Aplausos!.           

lunes, 12 de marzo de 2018

Miradas a retratos de mujeres por la paz


                              
   Por Gilda Matos





El mes de marzo en República Dominicana, no es sólo el mes de las flores, por la belleza, el olor y el color de la   primavera, es el mes de  nuestras mujeres las que lo dieron todo por nuestra nación y que sus voces inspiraron al mundo cuando en 1975,  la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)  declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer y  en 1977 fue   denominado  como “Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”.  Con este motivo, la Fundación  Arte y Cultura    ( FACRAICES) , ha convocado a esta colectiva “Mujeres que lucharon por la paz” en la sala de ABAD GALERY, con el propósito  de reunir las miradas de artistas dominicanos  a  mujeres emblemáticas de nuestra media isla y del mundo, en sus trayectorias de vida   por la paz.
 La expresión estética de este evento se realiza a través del retrato artístico, bajo una selección libre y personal de cada creador participante, con la sola idea motivadora de: ¿por qué escogí a la mujer  de mi retrato? Los creadores responden plasmando líneas, rayados, manchas en un discurso de rostros donde se divisa el impacto de sus  miradas a grandes mujeres de colosales batallas humanas, religiosas, sociales y políticas.
La modalidad del retrato ha estado presente en todas las épocas de la Historia del arte, por la razón  que argumenta Francisco Calvo, 2005:
“El retrato es una revelación. Es la revelación del personaje. Es él como nunca conseguirá verse a sí mismo en el espejo, como no conseguirán jamás verles sus familiares, sus amigos… Se dice que la fotografía tiene precisión, pero lo cierto es que nunca podrá llegar a una precisión, a una penetración tan profunda, y este solo tiene un ojo. Y al pintor no le bastan los dos ojos, entre los que se alterna la visión, sino que necesita un tercer ojo: el ojo de la inteligencia.”  El retrato nos muestra el personaje por dentro y por fuera, llevándonos  a la esencia de su vida, con el fin  eternizarlos, tal como en el Renacimiento fue capaz de hacerlo, Leonardo da Vinci con La Monaliza.


Hoy más que nunca, se necesita un arte que valore, en medio de la discriminación femenina y violencia género , que ayude a revelar y documentar la vida y obra de las grandes mujeres dominicanas y del mundo, desde la mirada sensible, como exponen el conjunto de artistas dominicanos participantes en este evento: Ana Josefina Garrido, quién trae  Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014, nos la pinta  con la mirada  esencial de la  educación , equidad y justicia; Lucía Méndez, nos revela  a una Yolanda Guzmán de rostro azul , dejando ver su espiritualidad y firmeza de carácter de esta luchadora contra la dictadura de Trujillo y su martirio por la Revolución de 1965, Mercedes Ricourt, presenta a Rigoberta Menchú ,líder indígena guatemalteca, con una sonrisa inquisidora, que le hizo traspasar la barrera de la discriminación a los  Mayas –Quechua y luchar por la participación democrática  de los pueblos indígenas originarios. Kelvin Capellán, pinta una Mamá Tingo, iluminada de palomas de  paz, en representación de los ancestros culturales de la negritud caribeña. Wilson Santana, con sus manchas impresionistas comunica una mirada espiritual  a la bondad  de Madre Teresa de Calcuta, Ana Pérez, visualiza el vuelo de mariposas de Minerva Mirabal, llama a la atención en su interpretación la  amplia sonrisa,  comunicando la alegría y victoria del sacrificio del personaje  por la libertad de la nación dominicana . Ana María Henríquez, nos idea una Hilda Groutreaux en actitud bélica combatiente  por la libertad,  la justicia  y el derecho de los presos políticos. Ira Gullón  a Benazir Bhutto, Primera Ministra de Paquistán, elevando su rostro con un simbólico manto rojo sobre el pueblo Islámico, presagiando derramamiento de sangre y la victoria del futuro, a este grupo se integran  otros artistas: Jennifer Martínez, la luchadora Evangelina Rodríguez, Denia Santos con Juana Saltitopa,  José Ramón Medina con Rosa Parks Tony Espallat.
Con esta actividad se demuestra el interés de la gestión cultural de Ana María Henríquez  en resaltar el valor de la feminidad en las luchas sociales de cada uno de los países representados por las procedencias de los personajes interpretados   en este evento, revelando una mirada estética de nuestros artistas  dominicanos.
En definitiva, este encuentro visual a través del retrato es un aporte a la visualidad del rol protagónico de las mujeres en sus luchas por la Paz de la humanidad.

    Por Gilda Matos
Historiadora y Crítica de Arte.



miércoles, 28 de febrero de 2018

TÍTERE FUE EN LA HISTORIA DOMINICANA



Por Gilda Matos
La metáfora del títere ha estado presente en la historia del Pueblo Domiciano, desde sus orígenes hasta la época actual. La Cultura Taína lo representó en la confección de muñecos de madera, piedra o algodón con vida propia, que asumían como principal deidad (Pané, 1932):
”-Así el Cemí Corocote primero estuvo en casa del cacique Guamarete hasta su muerte…En estas entradas, aunque no se percibe directamente la voz de este personaje, se establece que el poder de los caciques sobre el pueblo no es sólo político sino también religioso. Su actuación en preservar el poder de los cemíes es fundamental para estos hombres principales los que guardan cemíes”.  Crearon una imagen con poderes místico y comunicante con el más allá.
No es casual que Sergei Obraztov definiera el títere como “Una Metáfora en el teatro. En la síntesis de los muñecos se puede hacer una parábola de la vida y expresar sentimientos, básicos de amor, celos, muerte, enojo, amistad etc.…”. Citado por (Villena, 1992).
En 1588 se representa  en los tiempos de la Colonia  el entremés La Octava de Corpus Cristo, con lo que se inicia en América el teatro de crítica social y cuya imagen del personaje del Monstruo es una metáfora con características similares al títere, y posibles coincidencias con el Corral de Comedia de la Madre Patria de ese entonces, según describe el autor (LLerena, /2017):
EDIPO:
- No quiero andar en comedimientos, sino hacer lo que se manda, que yo desaté el animal de la esfinge diciendo ser símbolo del hombre, y éste digo que es símbolo evidente de la mujer y sus propiedades; para lo cual, es menester considerar que este monstruo tiene el rostro redondo de hembra, el pescuezo de caballo, el cuerpo de pluma, la cola de peje; la propiedad de los cuales animales se encierra en la mujer, como lo declara este tetrástico, que servirá de interpretación:
Es la mejor mujer instable bola.
La más discreta es bestia torpe insana;
Aquélla que es más grave, es más liviana,
Y al fin toda mujer nace con cola.

Este personaje metafórico del monstruo, representa  el símbolo de una sociedad corrompida, fruto del imaginario de un mal social  que  aún persiste en la actualidad y cuya imagen  por demás es titiritezca.

Desde entonces, la presencia del Títere es intermitente, poco investigada y visibilizada en panorama histórico del teatro dominicano. Se podría especular que, en los siguientes siglos, XVII y XVIII, según narra Pedro Henríquez Ureña estuvo en medio de las actividades de la iglesia, a saber, que se supondría extrapolar tradiciones titiritezca del Corral de Comedias de la Colonia (Ureña, 1984):
  “La isla conoció día de esplendor vital durante los cincuenta primeros años del dominio español…Santo Domingo conservó tradiciones de primacía y de señorío que se mantuvieron largo tiempo en la iglesia, en la administración política y en la enseñanza universitaria “.
Fuera de este ámbito, en el nivel popular se presentaban entremeses graciosos y cosas profanas, por lo que es comprensible que entre las representaciones de dichas comedias danzas, saraos y máscaras se haya integrado el títere como parte de dichas animaciones culturales coloniales.
En el siglo XIX durante el período de la era francesa en Santo Domingo las luchas independentistas se instrumentaron a través de la formación de La Filantrópica, compañía teatral que llevó la idea de separación del dominio haitiano tras la obtención de la identidad nacional, seguido en sus finales del mismo siglo, de una ferviente corriente indigenista que buscaba afrontar el movimiento anexionista de Pedro Santana quien propugnaba por el retorno al protectorado español.
En 1895 se formaron escenarios en las principales provincias del país, entre los que se encuentran el Teatro Apolo, Independencia, Teatro Sociedad La Progresista (La Vega), Teatro Hereaux, Teatro Luz del Porvenir (Moca), Teatro Provisional de la Compañía de aficionado (San Cristóbal), Teatro Unión Dueyana (Higuiey), desarrollo que facilitó que más tarde recibiéramos la visita de compañías españolas, cubanas y puertorriqueñas que realizaron giras por todo el país.
Nos cuenta Eugenio María de Hostos (Hostos,1895):
-“Donde con alguna frecuencia se presentan esas compañías viajeras de zarzuelas o drama que hoy hacen por mar, de isla en isla y aun de continente en continente”.
Grandes acontecimientos marcaron el desarrollo del arte teatral en el país, la Primera Intervención Norteaméricana en 1916 y el surgimiento de la dictadura de Leónidas Rafael Trujillo 1930-1961, quien duró treinta años en el poder y quien funda la primera compañía de teatro estatal Teatro Escuela de Arte Nacional, donde se forman los más connotados del arte escénico del país.
A partir de anteriores acontecimientos en las décadas siguientes se empieza a visibilizar de forma directa   la presencia del títere en la escena teatral dominicana, por lo que es relevante resaltar hechos fundamentales que impulsaron su desarrollo:
La presencia de Rómulo Rivas, Mercedes Díaz, Elieser Cisneros quienes realizaron una intensa labor de presentaciones y talleres contribuyendo a difundir el arte del títere.
El surgimiento de un movimiento de un teatro popular (COCOTEPO), ávido de nuevos recursos expresivos para propagar ideas en contra del gobierno de los 12 años del Presidente Joaquín Balaguer (1966-1978).
La formación de La Unidad del Teatro Guiñol Dominicano, por iniciativa de Máximo Avilés Blonda como organismo de la Dirección General de Cultura y Extensión de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, hoy Ministerio de Educación, donde descollaron los actores Manuel Chapuseaux, Nives Santama y Basilio Nova, dirigidos por el destacado dramaturgo Reynaldo Disla, quien creó innumerables piezas de títeres y adaptó obras universales para el público infantil y juvenil dominicano.
La visita del titiritero argentino Eduardo Di Mauro, quien contribuyó a la formación ética y mística de la labor del titiritero y a profundizar en la técnica del títere de guante en el país, dio un nuevo impulso al teatro de títeres en el país, propiciando el surgimiento de nuevos grupos de títeres en el país.
Los surgimientos de agrupaciones que marcarían una especialización profesional en el campo y la actividad del arte del títere en las décadas de los 80 y los 90 referido por (López, 2015):
Los 80, el Teatro Gayumbita (Nives Santana y Manuel Chapueseaux), Teatro Chispa (Ángel Mejía y Gilda Matos), Teatro Cúcara-Mácara (Basilio Nova, Milagros Pérez y Xiomara Rodríguez) y Teatro Popular del Centro en la ciudad de Santiago de los Caballeros, (Elvira Taveras, Victor Checo, entre otros).
En esta década, un  hecho que contribuyó a situar la actividad del títere como una de las principales opciones de diversión  para  el público infantil en el país,  fueron  las presentaciones dominicales fijas de teatro de títeres que durante más de cuatro años consecutivos impulsaron el Teatro Chispa, dirigido por Ángel Mejía, en Casa de Teatro, y Teatro Cúcara-Mácara, dirigido por Basilio Nova, en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional, Santo Domingo, capital de la República. En Santiago de Los Caballeros, posteriormente, al norte de la isla, el TPC (Teatro Popular del Centro de la Cultura), dirigido por Elvira Taveras, realizaba funciones de títeres todos los días, a las 6:00 de la tarde. Esos mismos titiriteros, bajo el nombre de Teatro PIE (Popular, Independiente y Experimental) realizaba funciones de títeres en el Cine Teatro Lama y en el Cine Doble, de esa ciudad norteña.

En los 90, el Teatro “Titití (Paula Disla y Henry Mercedes) ¨Capuchín¨, (Elsa Liranzo, Kati Baez, Jochi Brito), ¨Papalotes¨ (Karina Ubiñas, Gina Martes y Haicel Lazala), Teatro ¨Caquito¨, (Julissa Rivera, Marcos Rodríguez, Pascal Mecariello), ¨Teatro Sonrisitas “(Ernesto López y Dulce  Elvira De Los Santos), Flautín (Doris Minaya y Lucas Mejía).
La creación de la Asociación Dominicana de Titiriteros (ADOTI) en 1993. Esta asociación facilitó la coordinación de las actividades de títeres en los festivales y el trabajo por  aspectos reivindicativos del arte del títere, la difusión y intercambio de la formación entre los miembros de las agrupaciones que la constituían.

La creación de festivales nacionales e internacionales especializados en títeres, que reunieron y difundieron este arte en el país en una perspectiva más amplia e internacionalista. El Primer Festival Nacional de Títeres, realizado por la Fundación Teatro de Villa Juana en año 1990 y en 1994, el Primer Festival de Títeres Para niños en el Teatro Nacional y cuatro  ediciones del Festival Internacional del Títeres liderado por Dulce Elvira de los Santos, y en  el año 2010 , el Festival Internacional de Teatro Infantil y Juvenil(FITIJ),  viene realizando anualmente la Fundación Teatro Cúcara-Mácara, Inc., dirigida por Ana Jiménez y Basilio Nova.
La incorporación en 1992 del Títere al currículo formativo de la Escuela de Arte Dramático y la Educación Artística en la escuela formal del Nivel Básico y Medio; y de forma reciente como asignatura de la mención Teatro del Bachillerato en Artes en la Educación Media.
Reconocimiento a la labor del titiritero en Premios como Talía de Plata, los otorgados por la división de Drama del Ministerio de cultura, motivando a la labor y aportes de el teatro de títeres  durante dos décadas los 80 y los 90.
Surgen nuevas generaciones de jóvenes continúan el camino de la cabalgata titiriezca con el desafío de continuar el servicio cultural y el divertimento del espíritu, errante y romántico del titiritero..
En República Dominicana tal como dice la expresión popular “Titiri fue”, el arte del títere fue y seguirá siendo importante en el desarrollo teatral y cultural como metáfora que nos guía en nuestra historia.





1895
Bibliografía:

LLerena, C. D. (6 de Agosto de /2017). Biblioteca Virtual Universal. Obtenido de http://www.biblioteca.org.ar/libros/669.pdf.
Pané, R. (1932). Relación de Fray Ramón acerca de las antiguedades de los indios .(Colección de Libros raros o Curiosos que Tratan de América). México: Ediciones Letras de Mexico .
Ureña, M. H. (1984). Antología Pedro Henríquez Ureña. Santo Domingo: Taller.
López, Ernesto, 2/8/2017. Títeres de Viento, Mar y Tierra en Dominicana. La Hoja del Titiritero
Villena, H. (1992). Titere en la Escuela . Madrid: Colihue.
Hostos, E. M. (s.f.). Páginas Dominicanas .





























Visión del Arte, de Gilda Matos: Mi articulo "Titere Fue En Republica Dominicana" en la HoJa del Titiritero

domingo, 17 de septiembre de 2017

“TRES DÉCADAS, TRES ARTISTAS EN EL BANCO DE PARQUE”

 Por Gilda Matos 


“El hombre fuerte es el que está sólo”
Henrik Ibsen

La obra dramática Banco de Parque forma parte de los momentos memorables de la interpretación teatral en República Dominicana. Hoy, Teatro De Bolsillo la trae a escena  con el ímpetu y la significación  de la primera vez, reafirmando el sitial obtenido años atrás.

El banco, ha sido punto de encuentro de tres maestros destacados del ámbito teatral : María Castillo, el fenecido actor Ángel Hache y Manuel Chapuseaux quienes han experimentado una catarsis actoral como resultado de la formación y años de experiencia en las tablas que les lleva a una  aproximación consciente al  método de Stanislawki, en su versión más acabada de las acciones físicas; las emociones surgen como resultado de lo que hace el personaje tras el objetivo, sin preocuparse por ellas: “La pequeña verdad de las acciones físicas pone en movimiento a la gran verdad de los pensamientos, las emociones y las experiencias”. La obra es una cátedra de este método.

El autor ruso Alexander Gelman configura un texto que recoge las crisis  en las relaciones de pareja en la búsqueda de una relación ideal de amor, que se esfuma en desesperanzas y soledades en medio de los roles sociales y económicos que inciden en éstas. Trata de duplicar la realidad en las diferentes escenas; el tema del divorcio, las dependencias emocionales, los celos obsesivos están presentes en sus personajes. Lo más interesante del texto es el proceso donde poco a poco se va devanando el perfil característico de  los personajes que  están inmersos en el fortuito encuentro.


La dirección  de María Castillo   recarga su mayor  interés en  la interpretación de los personajes, procurando una gradación de la tensión dramática y un verismo de las acciones  hasta el punto de percibir  la improvisación, en buen sentido de la palabra, como un recurso recurrente en dicho método. Cuida la correspondencia con un estilo realista, ambientación escenográfica en un lugar del parque, hojas de almendro en el suelo, el banco clásico del parque, las luces de Bienvenido Miranda como retrato  de la  caída  la tarde. Aparentemente realiza una propuesta sencilla, pero compleja en criterios y fundamentada en la investigación de un proceso de creación de personaje en una relación sincera con la realidad y sus circunstancias.

Un personaje ausente es Ángel Hache, vivo en la memoria de quienes presenciamos hace tres décadas su gran interpretación, nos  mostró un realismo   psicológico,  como sólo él lo sabía actuar. Nos convenció de todos los colores y matices de una mente retorcida, violenta, ansiosa y llena de soledad . -¡Ángel Haché, en esta obra estarás presente toda la eternidad, toda la eternidad!
               
La novedad de esta nueva versión del montaje la trae la participación de Manuel Chapuseax, quien marca  su discurso con  una caracterización original, toma gestos, tono, expresión cercana a un típico macho dominicano, añadiendo una dosis de humor al  desarrollo, incluso  en su versión  reproduce el habla cotidiana. Busca a toda prisa conseguir su objetivo utilizando toda clase de mentiras. Sin dar pista hasta el último momento de sus avatares y sentimientos en su rollo conyugal.

Por último, el personaje de María Castillo, representa la idiosincrasia femenina que  justifica su existencia en la casa de un varón que mitigue la soledad. Un personaje que habla en sus miradas, silencios  y gritos. Llamando a la atención, que para la actriz y el personaje no ha pasado el tiempo: hoy está igual a ayer.


Tras tres décadas de aplausos, tres artistas gravitan en el banco de la memoria del teatro dominicano, Ángel en el mejor recuerdo, María en la dirección  y Manuel con nueva versión. Obra perdurable: “cuando en la noche algunos duermen y otros lloran”      

domingo, 13 de noviembre de 2016

MONTAJE DE MARIO LEBRÒN REVELA AVE NEGRA EN LA SOCIEDAD

Por Gilda Matos

Un profundo silencio se suscito en el público frente  a las escenas de esta estremecedora pieza teatral  Ave Negra  dirigida  por Mario Lebrón, producida por Teófilo Terrero y escrita por el prestigioso dramaturgo británico David Harrower. Esta obra  hace honor a una de las funciones centrales del arte teatral, la de revelar la realidad a partir de la acción y los personajes del drama, así lo afirma el propio autor _”Quiero a la gente sacudida” y fue lo que sucedió esa noche en los presentes ¡nos sacudió el alma!, dejándonos ver la verdad del abuso a menores y los colores máscara del agresor.

La obra trata un tema tabú en las sociedades, la pererastía, un enemigo que asecha a todas las intimidades de las familias,  crece en el estiércol del silencio,   quebranta y mutila las vidas de inocencias interrumpidas. El perfil del abusador se justifica y se camuflejea en una excesiva sensibilidad que confunde a las víctimas,  un amor incontrolado, que esconde al monstro depredador.

El Texto: es uno de los fuerte de este montaje, no en vano mereció el Premio del Círculo de Críticos de Drama de “LA a Mejor Escritura y Ejecución” en Los Ángeles de Estados Unidos de América. Sorprende la capacidad narrativa del autor, perimitiendo al espectador recrear en la imaginación los hechos de la trama, sin aburrir y despertando interés por los detalles  de los acontecimientos para al final sorprendernos con un punto de giro revelador de la historia.  

La dirección de Lebrón se centra en los actuantes Francis Cruz y Laura  Lebrón, guiando a los personajes en un estilo naturalista con una mirada sincera a las interioridades, sus pasiones y secretos, sin tapujos. Se nota su experiencia sobre las tablas,manifiesta en el arte  de dirección de actores, una cualidad no muy frecuente entre directores. Armonizò de formar clara todos los recursos desde la ambientación escenográfica y vestuario  (José Miura) hasta la iluminación (Lillyanna Díaz). Nada abunda, nada sobra en la realización escénica.

 Las actuaciones, aunque parecen sencillas o cotidianas suponen un gran reto para ambos, sobre todo,  en los prejuicios personales en que caen muchos actores al  juzgar a los personajes con criterio maniqueista del bueno y el malo , actitud que deriva en un vicio   que obstaculiza que  aflore la verdadera naturaleza humana   de los mismos. Ganaron la batalla en la escena, mostraron dos personajes en sus psiquis, anhelos, conflictos, sobre todo, nos hicieron creer sus mascaras, a tal punto, que en un momento quise pararme del asiento y gritar ¿Qué es esto? ¡Cómo es posible que justifiquen el abuso!....   Sin embargo, todo se evidenciô al final, con la entrada de  la niña Avril Lázala, quien se uniò al excelente duo.


Este espectáculo  debe seguir representándose con la misión de ser fuente de reflexión que contribuya a revelar , “sacudir” la sociedad frente al abuso infantil y juvenil. El teatro nos da la lupa para la vida y el alma en este intimo encuentro con el Ave Negra.

domingo, 25 de septiembre de 2016

CALDERÒN DE LA BARCA FELIZMENTE APLATANAO EN LA CELEBRACIÓN DEL 25 ANIVERSARIO DEL SUEÑO DEL TEATRO GULOYA

Por Gilda Matos

No existe en teatro del mundo idea más asombrosa que la que sirve de forma sustancial a esta obra”

Marcelino Menéndez Pelayo


Nada mejor  para conmemorar  25 aniversarios del Teatro Guloya que la obra La Vida es Sueño del autor español Calderón de la Barca.

 Hoy se ha disfrutado de un espectáculo que desafía los alcances interpretativos de una pieza clásica de dimensiones filosóficas y humanas que representò la obra cumbre del teatro barroco español del siglo XVII.
.
 El reto consistió en asumir el texto barroco  desde lo propio, desde su práctica escénica, adoptando una teatralidad que emana desde las manifestaciones culturales y sociales dominicanas   que le conceden un estilo único, bajo el signo de Guloya.


El autor fundamentó su grandeza en el uso de los recursos formales en el teatro (culteranismo), tales como escenografías más complejas, vestuario e iluminación   y lo relativo al fondo temático (conceptismo), introduciendo en obra los valores morales  del honor, honestidad, el orgullo y profundizando en el espíritu contradictorio   de los personajes. Con ello abandona el equilibrio  de la serenidad, mesura  de las obras clásicas de  la literatura  renacentista. La pieza es representativa del barroco español,  en un contexto histórico donde España perdió el poder ante las naciones europeas reflejando en la literatura el desengaño y la confusión de la época.

En la celebración de bodas de plata del Teatro Guloya, nos presenta una versión de La vida es Sueño sembrada en el contexto cultural nativo, impregnada de un modo de ver la vida en una expresión  peculiar  “a lo dominicano”, con la filosofía de celebrar la vida, a pesar de la tristezas, luchas, desengaños.

El director Claudio Rivera con el deliberado propósito de anclar con  el  barroco cultural que vivimos en el Caribe, toma elementos de nuestra identidad y manifestaciones culturales, personajes cotidianos, carnavalescos y nos convida a aplatanarnos durante hora y media, no para disfrutar de la exuberancia y rebuscamiento del teatro barroco europeo,  sino para  participar desde una mirada tropical, alegre y actual de la esencia de Calderón en un ambiente festivo, carnavalesco y burlesco acorde con la idiosincrasia nuestra.  Lo cual,  no guarda mucha distancia con lo planteado por Meyerhold,  director ruso que   al caracterizar  el teatro español del Siglo de Oro expresa “El teatro se esfuerza también por elevar al máximo el Pathos trágico, y, sin miedo de alterar la armonía, introduce en él la comicidad grotesca, que llega a la caricatura notablemente original”. (Hormigón, 1992).Elementos que encontramos en  abundancia en esta puesta en escena.

 El director hace su propia dramaturgia, realiza una gran síntesis con las partes esenciales del texto, de manera que casi brilla por la ausencia la reverberación de parlamentos y monólogos extensos de las obras clásicas. Esta  puesta en sus aspectos formales guarda continuad con los recursos utilizados en la trayectoria del director, en especial, las  escenas carnavalescas son  casi una constantes en sus trabajos, diríamos que una fijación que  ha acompañado su historia.

En su propuesta  aporta elementos actuales en lo musical, rock, pop, electrónica, bachata, salsa que contribuyen al distanciamiento  y ritmo contagioso del espectáculo.

Dirige la caracterización actoral hacia la identificación de personajes   del contexto  dominicano:
 El Segismundo interpretado por Víctor  Contreras, es representado como un  como un joven rockero soñador y rebelde quien hizo una interpretación del personaje fresca, alejado de convencionalismo, muy contemporánea. Rey Basilio, Claudio Rivera, imponente   terrateniente adinerado atrapa con su presencia y el manejo del experticia de la escena, Rosaura, Viena González, una mujer valiente y feminista, mantuvo  los momentos acción clara en todas sus intervenciones Clarín, Noel Ventura: el gracioso cómico y  pícaro Guloya, Estrella, Yerlim Guzmán un interpretación simpática   una especie de sexy  presentadora de televisión, Clotaldo, Ramón Candelario con su presencia escénica medieval  caracteriza a   un empleado servil, Astolfo, Jabnel Calizàn un joven ambicioso y trepador, de cuatro brazos . Cabe destacar la gracia desplegada por el actor Noel Ventura  quien además de representar al signo Guloya, supo jugar con los  recursos de humor de su personaje que contribuyo a la conexión con el público de forma rotunda. La escenografía de José Miura, sencilla, simbólica y espectacular. El vestuario diseñado por Lenin  Paulino y Bertuzzi y Stephanie Gautreaux , sitúa al espectáculo en la esencia calderoniana y la visión identitaria de Guloya  . Los títeres y diseño de luces de Ernesto López, creativos e integrados de forma natural al drama.  
  
Sólo dos aspectos restaron en la coherencia estética hacia una mayor excelencia  del espectáculo, según mi entender,  por un lado el control del tono burlesco de la escena del retrato en la segunda parte, que deriva  en una parodia tele novelesca,  cuando el hecho dramático representado en ella, implica el valor moral de la traición y la mentira, algo que perdura con mas fervor en el mundo de hoy.

Por otro lado, en las actuaciones de los personajes en  su mayoría, solo nos deleitamos de  una cara del barroco, lo cómico, lo burlesco, lo irónico y grotesco de los actuantes, no llegamos a percibir, de forma profunda “el descubrimiento del conflicto interior en  el alma  del hombre” como se espera en un de estilo  barroco que propicia el contraste, luz y sombras de los personajes. Más, este detalle no resta la grandeza de este memorable espectáculo  que cierra el VI Festival de Teatro de Balsillo, el cual nos ha aplatanao ante el sueno de Calderón De La Barca y los 25 años del Teatro Guloya. Aplausos!!



  


  BILIOGRAFÌA
Gonzalez, E. (1989). Historia de la literatura Española (Siglo XVII). San Juan de Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico.

Hormigòn, J. A. (1992). Meyerhold:Textos teoricos . Madrid: Publicaciones de la Asociaciòn de Directores de Escena de España.

Cioranescu, A. El barroco o el descubrimiento del drama. Universidad de La Laguna, 1957.

Menéndez Pelayo, M. “Calderón y su teatro”. En Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, III, Santander, CSIC, 1941




CALDERÒN DE LA BARCA FELIZMENTE APLATANAO EN LA CELEBRACIÓN DEL 25 ANIVERSARIO DEL SUEÑO DEL TEATRO GULOYA

Por Gilda Matos

No existe en teatro del mundo idea más asombrosa que la que sirve de forma sustancial a esta obra”

Marcelino Menéndez Pelayo


Nada mejor  para conmemorar  25 aniversarios del Teatro Guloya que la obra La Vida es Sueño del autor español Calderón de la Barca.

 Hoy se ha disfrutado de un espectáculo que desafía los alcances interpretativos de una pieza clásica de dimensiones filosóficas y humanas que representò la obra cumbre del teatro barroco español del siglo XVII.
.
 El reto consistió en asumir el texto barroco  desde lo propio, desde su práctica escénica, adoptando una teatralidad que emana desde las manifestaciones culturales y sociales dominicanas   que le conceden un estilo único, bajo el signo de Guloya.


El autor fundamentó su grandeza en el uso de los recursos formales en el teatro (culteranismo), tales como escenografías más complejas, vestuario e iluminación   y lo relativo al fondo temático (conceptismo), introduciendo en obra los valores morales  del honor, honestidad, el orgullo y profundizando en el espíritu contradictorio   de los personajes. Con ello abandona el equilibrio  de la serenidad, mesura  de las obras clásicas de  la literatura  renacentista. La pieza es representativa del barroco español,  en un contexto histórico donde España perdió el poder ante las naciones europeas reflejando en la literatura el desengaño y la confusión de la época.

En la celebración de bodas de plata del Teatro Guloya, nos presenta una versión de La vida es Sueño sembrada en el contexto cultural nativo, impregnada de un modo de ver la vida en una expresión  peculiar  “a lo dominicano”, con la filosofía de celebrar la vida, a pesar de la tristezas, luchas, desengaños.

El director Claudio Rivera con el deliberado propósito de anclar con  el  barroco cultural que vivimos en el Caribe, toma elementos de nuestra identidad y manifestaciones culturales, personajes cotidianos, carnavalescos y nos convida a aplatanarnos durante hora y media, no para disfrutar de la exuberancia y rebuscamiento del teatro barroco europeo,  sino para  participar desde una mirada tropical, alegre y actual de la esencia de Calderón en un ambiente festivo, carnavalesco y burlesco acorde con la idiosincrasia nuestra.  Lo cual,  no guarda mucha distancia con lo planteado por Meyerhold,  director ruso que   al caracterizar  el teatro español del Siglo de Oro expresa “El teatro se esfuerza también por elevar al máximo el Pathos trágico, y, sin miedo de alterar la armonía, introduce en él la comicidad grotesca, que llega a la caricatura notablemente original”. (Hormigón, 1992).Elementos que encontramos en  abundancia en esta puesta en escena.

 El director hace su propia dramaturgia, realiza una gran síntesis con las partes esenciales del texto, de manera que casi brilla por la ausencia la reverberación de parlamentos y monólogos extensos de las obras clásicas. Esta  puesta en sus aspectos formales guarda continuad con los recursos utilizados en la trayectoria del director, en especial, las  escenas carnavalescas son  casi una constantes en sus trabajos, diríamos que una fijación que  ha acompañado su historia.

En su propuesta  aporta elementos actuales en lo musical, rock, pop, electrónica, bachata, salsa que contribuyen al distanciamiento  y ritmo contagioso del espectáculo.

Dirige la caracterización actoral hacia la identificación de personajes   del contexto  dominicano:
 El Segismundo interpretado por Víctor  Contreras, es representado como un  como un joven rockero soñador y rebelde quien hizo una interpretación del personaje fresca, alejado de convencionalismo, muy contemporánea. Rey Basilio, Claudio Rivera, imponente   terrateniente adinerado atrapa con su presencia y el manejo del experticia de la escena, Rosaura, Viena González, una mujer valiente y feminista, mantuvo  los momentos acción clara en todas sus intervenciones Clarín, Noel Ventura: el gracioso cómico y  pícaro Guloya, Estrella, Yerlim Guzmán un interpretación simpática   una especie de sexy  presentadora de televisión, Clotaldo, Ramón Candelario con su presencia escénica medieval  caracteriza a   un empleado servil, Astolfo, Jabnel Calizàn un joven ambicioso y trepador, de cuatro brazos . Cabe destacar la gracia desplegada por el actor Noel Ventura  quien además de representar al signo Guloya, supo jugar con los  recursos de humor de su personaje que contribuyo a la conexión con el público de forma rotunda. La escenografía de José Miura, sencilla, simbólica y espectacular. El vestuario diseñado por Lenin  Paulino y Bertuzzi y Stephanie Gautreaux , sitúa al espectáculo en la esencia calderoniana y la visión identitaria de Guloya  . Los títeres y diseño de luces de Ernesto López, creativos e integrados de forma natural al drama.  
  
Sólo dos aspectos restaron en la coherencia estética hacia una mayor excelencia  del espectáculo, según mi entender,  por un lado el control del tono burlesco de la escena del retrato en la segunda parte, que deriva  en una parodia tele novelesca,  cuando el hecho dramático representado en ella, implica el valor moral de la traición y la mentira, algo que perdura con mas fervor en el mundo de hoy.

Por otro lado, en las actuaciones de los personajes en  su mayoría, solo nos deleitamos de  una cara del barroco, lo cómico, lo burlesco, lo irónico y grotesco de los actuantes, no llegamos a percibir, de forma profunda “el descubrimiento del conflicto interior en  el alma  del hombre” como se espera en un de estilo  barroco que propicia el contraste, luz y sombras de los personajes. Más, este detalle no resta la grandeza de este memorable espectáculo  que cierra el VI Festival de Teatro de Balsillo, el cual nos ha aplatanao ante el sueno de Calderón De La Barca y los 25 años del Teatro Guloya. Aplausos!!



  


  BILIOGRAFÌA
Gonzalez, E. (1989). Historia de la literatura Española (Siglo XVII). San Juan de Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico.

Hormigòn, J. A. (1992). Meyerhold:Textos teoricos . Madrid: Publicaciones de la Asociaciòn de Directores de Escena de España.

Cioranescu, A. El barroco o el descubrimiento del drama. Universidad de La Laguna, 1957.

Menéndez Pelayo, M. “Calderón y su teatro”. En Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, III, Santander, CSIC, 1941